Y cómo es que no utilizaron la bomba, preguntan en la bicicletería. Mi madre mira sin entender.
– La bomba, esto, para hinchar los neumáticos. – dice el hombre señalando el cilindro negro.
Ambos descubrimos entonces el aparato enganchado al cuadro.
– Ya… – sigue diciendo él sin percatarse de nuestras caras de asombro – Es que con el tiempo, normalmente fallan. Seguramente no ha funcionado, ¿no?
En realidad no hemos intentado utilizarlo. Desde que estamos solos, mamá tiene alergia a las herramientas. Si algo se rompe, se tira.
Salimos de la bicicletería con los neumáticos y los ojos de mi madre hinchados. Una estúpida bomba, repite para sí. Me detengo hasta obligarla a agacharse. Entonces le planto dos besos y un abrazo. Ella llora. Y me deja montar en bici aunque no lleve casco.
