Ya no hay bicicletas colgadas en el garaje. Del cajón de la cocina han emigrado las cucharas soperas. Una ráfaga de viento norte ha desnudado las fotografías y sus habitantes tiritan en veranos lejanos. Las últimas pompas han explotado contra los azulejos del baño dejando una huella de alma aplastada. El bote de Colacao  contiene un peñasco petrificado, que no cede al agua caliente ni a las lágrimas con lejía.

Los guantes de goma ya no protegen tus manos, pero te los dejas, porque te recuerdan al pato amarillo que se suicidó en la bañera.

Es día de limpieza general.  Aunque de aquella suciedad, no quede ni rastro.