Unicornios rosas

Unicornios rosas

Tengo una hermana imaginaria que se llama Alicia. Tiene dos trenzas largas y le faltan las paletas de arriba. No le gusta jugar a la estación de servicio ni al barco pirata, llora por cualquier tontería y tiene una vocecita insoportable. Pero yo la quiero. Para que mamá no la castigue sin videojuegos, le cubro todas sus trastadas. Basta con que me diga “gracias, hermanito” y sonría con sus dientes faltantes y su camiseta de unicornios rosas.

Mamá me pilla a veces hablando con ella, pero yo le digo que es un amigo y se llama Pedro, porque siempre que le pido tener hermanitos se pone triste. Y no me gusta que mamá se ponga triste. Eso pasa cuando llega el calor y vamos al trastero a buscar la ropa de verano. Nunca me responde si le pregunto de quién es esa bici rosa con flecos dorados en el manillar. Y cuando baja la caja de las camisetas, y las revisa, refunfuñando porque muchas ya no me estarán, disimula diciendo que el polvo le da alergia. Pero yo sé que llora siempre que encuentra una camiseta de unicornios rosas al fondo de la caja y la acaricia en silencio.

Finalista en Esta noche te cuento – Convocatoria Fríos y Comienzos

Finalista en Esta noche te cuento – Convocatoria Fríos y Comienzos

Esta temporada de Esta noche te cuento, ha empezado con una gran alegría para mí. Mi relato «Atardecer en el balcón» ha resultado seleccionado en la primera convocatoria del año, lo que me garantiza formar parte del recopilatorio 2022. Una convocatoria en la que la consigna era escribir inspirándonos en el frío o en los comienzos o en ambos.

Siempre es un gran orgullo estar entre los escogidos porque el nivel de Esta noche te cuento es muy alto. Una comunidad de escritores con gran talento y con no menos compañerismo.

Gracias Jams por tanto trabajo hecho con tanto cariño, gracias al jurado en pleno y a todos los que conforman esta particular familia.

La alegría se multiplica al ver tantos nombres queridos acompañando mi relato como seleccionados o como menciones. ¡Enhorabuena a todos ellos!

Atardecer en el balcón

Atardecer en el balcón

—Está empezando a refrescar —dices con la mirada perdida en las fachadas de enfrente.

Y yo, que no lo había notado, siento un escalofrío en cuanto tu mano se posa sobre tu falda. Como una mariposa moteada que en pleno vuelo hubiera decidido morir.

No te desplomas, tus brazos no caen inertes. Ni siquiera apoyas el mentón sobre tu pecho. Con la hidalguía de siempre, mantienes la cabeza erguida. Sostenida por la pared de ladrillos del balcón, o por tu tozudez. No has cerrado los ojos, nunca admitirías perderte nada. Ni siquiera tu muerte.

Acerco mi oreja a tu boca para cerciorarme de que no respiras y entonces tengo que decidir entre perdonarte u odiarte un poco más. Entre llorar como toda hija debería hacer, o explorar esta alegría cargada de alivio que se va instalando entre mis costillas.

Me siento otra vez a tu lado, como cada uno de los seiscientos veinticuatro atardeceres que llevo cuidándote.

Tarareo una nana, de esas que me cantabas de pequeña. El único recuerdo bueno que guardo de ti. Luego me pongo en pie y de puntillas, no va a ser cosa que cambies de idea, entro en el salón y cojo el teléfono.

Elemental

Elemental

Lo cierto es que no sabíamos qué hacer con él. Se llamaba James y era un mayordomo inglés, muy circunspecto y con levita. Había aparecido una mañana de lunes junto a las mesas de la sala de lectura. Cojeaba un poco a causa del golpe. Podía haberse caído desde cientos de novelas.

Tuvimos que dejarlo suelto en el pasillo de literatura inglesa y confiar en que encontrara su hogar.

Pero no fue así. Los crímenes empezaron a sucederse cada noche. La belleza era su debilidad. Las víctimas, todas hermosas muchachas, aparecían atrozmente asesinadas entre dos estantes o colgando desde las páginas de un libro entreabierto. Con una letra capital clavada en el pecho, o un guion de diálogo cercenando sus esbeltos y nacarados cuellos.

Tenía una particular preferencia por las heroínas de grandes clásicos, cierta inclinación por las jóvenes rusas, y un modo sistemático y cruel de llevar a cabo sus ataques. Tuvimos que descatalogar varios títulos. Urgía restituirlo a su sitio.

Al final, hubo que contratar los servicios de un tal Holmes que resolvió el caso con gran profesionalidad. El mayordomo pertenecía a una típica novela de misterio, donde, por supuesto, era el asesino.

Relato seleccionado en la primera convocatoria del 2020 de Esta noche te cuento, sobre el tema «La belleza»

Epílogo azul

Epílogo azul

Los sorprendí a punto de sentarse a cenar. La fuente sobre la mesa estaba llena de perdices. Ella aún tenía ese brillo de estrellitas en la mirada y canturreaba las notas de un vals. Él había dejado la impecable chaqueta azul tirada con desidia sobre el sofá. Ella le sugirió que la colgara en su lugar. Él dijo desconocer cuál era tal sitio. Ella le explicó que su estatus de príncipe había caducado. Y que el azul de su sangre no lo eximía de sus obligaciones. Él, ofendido, hizo un comentario dando a entender que es evidente que un beso no hace princesa a nadie. A lo que ella replicó que el que nace rana, rana se queda. Él masculló un real insulto. Ella hizo añicos su zapato de cristal contra la mesa.

Cerré el libro. Nunca debí seguir leyendo más allá de la palabra Fin.

Relato seleccionado en la convocatoria Azul de Esta Noche te Cuento