Hoy he tenido el honor de que mi relato Supervivientes fuera galardonado con el Primer Premio en el II Certamen literario de cuento corto Casa regional de Castilla-La Mancha de Parla.
Los relatos debían empezar con la frase extraída de El Quijote: «Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que iba a Sevilla a visitar a su hermana». Un enriquecedor desafío.
Hemos pasado un rato muy agradable en el Parque de Castilla-La Mancha en Parla. Se han leído los cinco relatos finalistas y hemos compartido un momento de buenas letras y compañerismo.
Gracias al jurado que ha destacado mi relato y mi enhorabuena al resto de finalistas porque he tenido el placer de escuchar muy buenos relatos.
Gracias a la Casa regional de Castilla-La Mancha en Parla por este apoyo a la cultura y por esta apuesta por acompañar los sueños de quienes escribimos.
Venía
en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que iba a Sevilla a
visitar a su hermana. Venían también tres hermanas que regresaban a casa
después de acudir al funeral de su tía abuela Berta. Dos comerciales de esos
que hablan hasta por los codos. Un señor de Alcalá que iba a conocer a su nueva
nieta. Un trabajador que iba a pasar el fin de semana en casa después de
trabajar en la ciudad. Un joven muerto de miedo que acudía a conocer a sus
futuros suegros. Y, como no, un cura (siempre debe haber un cura en una
historia).
El
hecho de que viajaran en el vagón del silencio era en sí mismo una gran
contradicción. Porque a todos ellos les encantaba hablar, parlotear en todo
momento y con quien cuadrara.
Pero
allí estaban. Y cada vez que uno de ellos osaba a pronunciar una palabra:
“disculpe” “apoyabrazos” “ventanilla” o lo que fuera, un coro de chistidos y
lenguas chasqueadas se alzaba desde los asientos hasta formar una nube
censuradora que quedaba flotando por encima de todas las cabezas.
Los
chistidos provenían, claro está, de las personas que ocupaban los asientos del
vagón del silencio por elección propia y no porque la imaginación desenfrenada
de Lía los hubiera puesto allí.
Lía
observaba pasar el paisaje por la ventanilla. Iba demasiado de prisa como para
poder plasmarlo en una descripción clara y detallada. Por eso debía centrarse
en el interior del coche de AVE en el que viajaba. Por eso había otorgado a
cada uno de sus compañeros de viaje una historia, una personalidad, un motivo
para estar allí. Y los escribía. Los construía con ladrillos de palabras y
cemento de silencios. En un relato debe pesar tanto lo que se dice como lo que
se oculta. Y Lía ocultaba que el cura era un borracho empedernido y que la
señora vizcaína iba a visitar a su hermana para convencerla de que se hiciera
cargo de unos padres demasiado mayores y dependientes.
No
decía que el trabajador que iba a pasar el fin de semana en casa donde lo
esperaban una mujer y dos niños, había dejado a su amante en la ciudad aguardando
ansiosa que llegara el lunes. Tampoco que el joven muerto de miedo se iba a
arrepentir de hacerle caso a su novia, ni que las tres hermanas de regreso del
funeral venían peleadas a muerte a causa de la herencia de su tía.
No
lo decía, pero lo sabía. Lo dejaba caer entre líneas. Entre una frase y un
diálogo de los que sus personajes no podían pronunciar y por eso lo hacían solo
en el papel.
Cuando
el tren se detuvo con un chirrido agudo seguido de un estruendo entre dos
fogonazos, y el vagón del silencio descarriló ladeando para siempre las vidas
de sus ocupantes, los folios que Lía había estado garrapateando volaron sin sentido
por sobre las vías retorcidas, por sobre la maleza que crecía a ambos lados de
ellas y por sobre los cuerpos desmembrados de los auténticos ocupantes del
vagón.
La
mujer vizcaína, las hermanas peleadas, el trabajador infiel, el abuelo
afortunado, el joven nervioso y hasta el propio cura fueron los únicos
sobrevivientes del fatal accidente.
Y
ahora, libres de las prohibiciones, parlotean entre ellos no muy lejos del
escenario de la tragedia que poco a poco se va poblando de altisonantes sirenas.
Ayer tuve el honor de que mi relato Miradas fuera elegido primer finalista en el I Certamen LiterarioLiterario de la Casa de Castilla-La Mancha de Parla.
Una experiencia muy especial vivir la ceremonia de entrega de premios vía teleconferencia. Gracias al esfuerzo y la buena predisposición de los organizadores del concurso, de los miembros del jurado y del resto de finalistas, ha resultado un agradable encuentro.
Las letras, las lecturas de los relatos, y el buen hacer del jurado, nos han hecho pasar una muy grata velada.
Gracias a la organización, en especial a Pura (vieja conocida de Primaduroverales) por esta tarde tan especial
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