Pescadores de sueños

Pescadores de sueños

Aburridos de que nos obligaran a dormir siesta, empezamos a escaparnos al lago cañas al hombro. Pescar cosas raras terminó convirtiéndose en una de nuestras actividades preferidas durante las vacaciones en el pueblo.

Al principio eran botellas de plástico, sillas, hierros oxidados. Pero cuando pescamos el violín, comenzamos la colección.

La abuela lo miraba todo extasiada y melancólica, como si reconociera los objetos.

Con el tiempo, montamos una exposición en el garaje.  El piano de cola impulsó nuestro catálogo a la categoría de pequeño museo. 

Pero el verano en que apareció la máquina de escribir, la abuela lloró hasta navidad y el abuelo nos rogó que lo dejáramos de una vez.

Otra vez algún día

Otra vez algún día

Algún día aprenderás a andar y yo te aplaudiré. Algún día te llevaré por primera vez al cole y me alejaré llorando más que tú. Algún día venderás dientes a Pérez, te disfrazaré de pingüino, te leeré Alicia y cantaremos Manuelita. Algún día me contarás que te gusta alguien o que has fumado y yo procuraré ser una madre moderna y sermonearte menos de lo que quisiera. Algún día te marcharás de casa y yo almacenaré túpers en el congelador. Y te pediré que me avises si has llegado bien.

Algún lejano e incierto día, pienso, mientras observo los hilos de sangre bajándome por la entrepierna como lágrimas ineludibles. Otra vez.