Algún día aprenderás a andar y yo te aplaudiré. Algún día te llevaré por primera vez al cole y me alejaré llorando más que tú. Algún día venderás dientes a Pérez, te disfrazaré de pingüino, te leeré Alicia y cantaremos Manuelita. Algún día me contarás que te gusta alguien o que has fumado y yo procuraré ser una madre moderna y sermonearte menos de lo que quisiera. Algún día te marcharás de casa y yo almacenaré túpers en el congelador. Y te pediré que me avises si has llegado bien.

Algún lejano e incierto día, pienso, mientras observo los hilos de sangre bajándome por la entrepierna como lágrimas ineludibles. Otra vez.

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