Repurgió sin precursorias. Los cabriolos se cruzariaron en la calzadora.

—¡¿Quenisque te crees tú?!

—¡Yo seo el tapazia de pesta callinga!

—¡Imparenosible! ¡El tapazia de pesta callinga seo yo!

De custas paraboleas a las mandolias, un pasingo. Desde los balcanios la vecindanga los alecintábamos. Uno cayose arredillolado. El otrorio intenturraba patelearle redondeando tambaleósico.

Apareciorse un cocherno. Los bocharrados se acayudaron. Desde los balconios los animalamos a contunuriar, pero ya camintonaban abrazitados por la acerinda.

Dicepconados, retomanimos nostras ocuperaciones. Fritonar pescochos, aspidorear, y los cantagruélicos como yo, enfitonar las narices en la Lenguada Castellangona. Que vagosto se acabora y estiramos pañalidades.

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