Primavera fuera de lugar

Primavera fuera de lugar

Incongruente enamorarse en otoño

¿no es la primavera para eso?

Incongruente el calor arrebolado

en una mañana lluviosa

de domingo por el Rastro

de música en las calles

y sonrisas café con leche.

Incongruente enamorarse en otoño.

Las mariposas van por dentro

y no hay flores en los balcones

pero brotan en tus ojos entornados

cuando el primer beso

nos sorprende en un semáforo en rojo.

Incongruente enamorarse en octubre.

Doblemente,

en octubre a los cincuenta.

Confabular dos otoños

para pintar primaveras ocres

en nuestros lienzos cuarteados,

de óleo sedientos,

y fuera de todo pronóstico,

vivos.

Es incongruente,

y no procede

y no estaba en el guión.

Por eso improvisamos,

por eso caminamos hasta Santa Ana otra vez,

esquivando el tren en Sol

para pedir el enésimo café

(o un té verde yo, que nunca bebo té)

y dejarnos llevar.

Para consentirnos caer, irremediables,

en la sensación.

Como hojas de otoño,

arrebujadas a nuestros pies.

Primavera fuera de lugar

Abuelo

Cada otoño vuelves

caminando por la acera del sol,

apuntalando el traje de chaqueta

con tu bastón de caña.

 

Vuelves con tu boina negra

y la bufanda de lana,

y me miras desde la acera de enfrente

mientras consultas tu reloj de bolsillo.

 

Quisiera que no fuese tarde

para poder acudir a la cita,

para decirte cuanto no te dije

en aquel otoño de lluvia en las gafas

en que tuviste la mala idea de morir.

 

Vuelves cada otoño

cuando el puesto de castañas aparece en la avenida

y las setas que recogíamos juntos

crecen otra vez.

 

Vuelves cuando el calendario

atraviesa octubre

como las primeras brisas

y las primeras mañanas con abrigo de lana.

Y te veo en el ascensor,

en el autobús,

en los sueños.

 

Pero si me acerco

te giras

y te alejas buscando un banco

donde sentar tus huesos doloridos

porque el otoño hace estragos

en tus silencios

y en mis intentos de disimular

que cada día te extraño más.