Incongruente enamorarse en otoño

¿no es la primavera para eso?

Incongruente el calor arrebolado

en una mañana lluviosa

de domingo por el Rastro

de música en las calles

y sonrisas café con leche.

Incongruente enamorarse en otoño.

Las mariposas van por dentro

y no hay flores en los balcones

pero brotan en tus ojos entornados

cuando el primer beso

nos sorprende en un semáforo en rojo.

Incongruente enamorarse en octubre.

Doblemente,

en octubre a los cincuenta.

Confabular dos otoños

para pintar primaveras ocres

en nuestros lienzos cuarteados,

de óleo sedientos,

y fuera de todo pronóstico,

vivos.

Es incongruente,

y no procede

y no estaba en el guión.

Por eso improvisamos,

por eso caminamos hasta Santa Ana otra vez,

esquivando el tren en Sol

para pedir el enésimo café

(o un té verde yo, que nunca bebo té)

y dejarnos llevar.

Para consentirnos caer, irremediables,

en la sensación.

Como hojas de otoño,

arrebujadas a nuestros pies.