Respuestas correctas a preguntas incorrectas

Respuestas correctas a preguntas incorrectas

Como un enjambre después de recibir la pedrada de un niño, mi cabeza está vacía. Y yo, que pretendía conquistarte con un examen brillante.

Paseas entre las mesas con tu andar desmadejado. El tacón de tu zapato izquierdo sigue estando flojo, y otra vez te has olvidado el paraguas.

Te frotas la nariz para reprimir un estornudo que tardará cuatro, tres, dos, ahí está, en estallar.

Como todos los martes, te has recogido el pelo. Opción A: vas al gimnasio los lunes. Opción B: los martes tenemos primera, madrugas demasiado.

Miras interrogante mi hoja en blanco.

— ¿Qué pasa, Pablo? ¿Estás desconcentrado?

Sonrío rojo de vergüenza. Si en lugar de preguntar antecedentes de la revolución francesa, preguntaras causas objetivas para enamorarse de ti…

Respuestas correctas a preguntas incorrectas

Diosa

Mi madre es como esas diosas hindúes de seis brazos.  Puede acarrear una montaña de toallas, el bolso con los pañales de Anita, el agua, la merienda, dos esterillas, una silla plegable, cubos, palitas, dos balones, las chanclas de todos, la sombrilla…  Con sus seis manos nos embadurna de protector mientras nos riega con recomendaciones. Luego, hace como que lee, aunque ronca despacito.

Entonces, como hermano mayor que soy,  tomo el mando. Evito que Anita coma arena y que Joaquín patee a Carlitos.  Termino agotado. Cuando mamá despierta, la miro evitando decirle cuanto la quiero. Se pondría a llorar y tiene la cara llena de arena.