Mi madre es como esas diosas hindúes de seis brazos.  Puede acarrear una montaña de toallas, el bolso con los pañales de Anita, el agua, la merienda, dos esterillas, una silla plegable, cubos, palitas, dos balones, las chanclas de todos, la sombrilla…  Con sus seis manos nos embadurna de protector mientras nos riega con recomendaciones. Luego, hace como que lee, aunque ronca despacito.

Entonces, como hermano mayor que soy,  tomo el mando. Evito que Anita coma arena y que Joaquín patee a Carlitos.  Termino agotado. Cuando mamá despierta, la miro evitando decirle cuanto la quiero. Se pondría a llorar y tiene la cara llena de arena.

A %d blogueros les gusta esto: