Petricor

Petricor

Han pasado veinte años desde la última lluvia. Nuestros hijos nunca han visto llover. Cuando les hablamos de ello, nos miran incrédulos.

Desde que la humanidad es capaz de manejar el clima, en las ciudades no llueve. Con eso evitamos atascos, charcos, accidentes e incómodos paraguas olvidados por doquier.

En el campo llueve martes y jueves de cuatro a diez de la mañana para asegurar las cosechas. Aunque llamarlo lluvia, es demasiado pretencioso. Solo es un sistema de riego automático y programado.

Los más nostálgicos echamos de menos la primavera bajo la lluvia. Mirar al cielo y dejar que el agua fresca se te escurra por la lengua, empaparnos dándonos un beso interminable.

Las nuevas generaciones se conforman con esos ridículos simuladores de interior que usan ahora.  No conocen el olor de la tierra mojada, porque las tormentas virtuales, sin justificación alguna, huelen a agua de colonia.

Fase terminal

Fase terminal

La tripa revuelta por terremotos y tsunamis. Sudaba goterones de lodo desde las laderas, y no podía retener las riadas que bajaban incontrolables por los surcos de su piel. Vomitaba lava por los cráteres. Y de los glaciares habían empezado a desprenderse coágulos que flotaban a la deriva desbordando los océanos.

Las zonas resecas de epidermis se habían extendido implacables. Cada vez escocían más. Y rascarse, significaba iniciar incendios que arrasaban con todo.

La Tierra era una paciente tozuda. Los especialistas llevaban tiempo indicándole tratamientos, recomendándole llevar una vida más sana, con menos humos y menos comida basura.

Pero, obnubilada por ideas de crecimiento, de progreso, de abordar grandes desafíos que enriquecerían solo una parte de su organismo en desmedro del resto, no los había escuchado.

Cuando llegó a urgencias aquejada de altas fiebres y con los pulmones encharcados en sangre mezclada con cenizas, ya era demasiado tarde.

Los médicos intentaron reanimarla aplicándole respiración asistida. Pero ya no había nada que hacer. Esa misma noche, a través de sus volcanes, exhaló el último aliento.