Ocupantes de bancos y soportales se desperezan, recogen cartones, ensayos de mantas. Dejan las calles preparadas. Pronto serán tomadas por la marea de trabajadores. Esos seres poseedores de un trayecto diario y obligado: Casa Trabajo, Trabajo Casa. Les ven pasar, camuflados en el trajín. Apostados en un semáforo, en un vagón de metro, sentados tras un cartel que nadie lee.

Muchos de ellos han tenido su trayecto diario y obligado. Pero el monstruo urbano,  se los ha arrebatado, para dejarlos desprotegidos, bajo el fétido aliento de sus fauces.