Preparadas las maletas, emprendo viaje desde la cocina hacia el cuarto con previsible escala en la habitación de los niños. Allí pernocto un par de minutos observando las estrellas luminosas del cielorraso. Luego me sumerjo en el mar de la bañera y emerjo cual diosa a medianoche para ungirme de ungüentos y expectativas. Conduzco con el pelo al viento por la carretera del pasillo para derrapar en la última curva y ejecutar mi entrada triunfal en el paisaje de la cama, donde (¡cómo no lo he previsto!) me espera en la oscuridad un estival concierto de irreductibles ronquidos.
Lo que no explican las guías de viaje
por pcollazo | Oct 27, 2021 | En pocas palabras, Premiados | 0 Comentarios
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