Llame ya

Le confesé a mi padre lo que había hecho: comprarlo en la teletienda. Me miró por encima de la montura de sus gafas y esbozó una sonrisa socarrona. No me creyó. Como en sus recuerdos siempre ha vivido en el seno de una familia bien avenida, no entiende el concepto de soledad. Además, desde que está fuera de garantía, se ha vuelto más desconfiado, y he empezado a notarle los primeros achaques: cierta cojera al caminar, pérdida de la audición, manchas en la piel, y un toque cascarrabias que nunca había tenido y que lo hace muchísimo más querible.

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