Antes de que Ricardo nos mostrara lo que por suerte trae en su mochila, estábamos aterrorizados.

Dos días en la cueva y, por el hilo de luz que se va disipando en la grieta, vamos a por la segunda noche. No creemos que nos busquen. Nadie sabía que íbamos a emprender la maldita excursión, idea del Colo. Él fue el primero en llorar anoche. Entre todos lo consolamos. Sobreviviremos: tenemos un hilillo de agua que se filtra y algunas galletas aún, le dijimos. 

Pero recién cuando Ricardo sacó su brújula mágica, que atrae a los equipos de rescate, nos lo creímos de verdad.

Ahora es Ricardo el único que llora en la oscuridad. Los demás hacemos como que no lo escuchamos.  

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