Mucho me temo que vienen a rescatarme. Dirán que me estás consumiendo, que acabarás conmigo. Tú no escuches.

La jeringuilla en equilibrio en el borde del lavabo no responde, pero tiembla cuando los golpes en la puerta trabada arrecian.

Juan, ¡ábrenos!. Te ayudaremos…

Estira la goma, un extremo en la mano libre y otro entre los dientes. Percibe la presión tranquilizadora en el brazo. No temas, mi niña, musita mientras sus dedos expertos tantean en busca del lugar exacto. No temas. No nos separarán. Tú no eres solo un amor de verano para mí.

Ella rueda trémula y culpable hasta los pies de Juan, que ya ausente, se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar.