por pcollazo | Jun 17, 2014 | En pocas palabras
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar: las estrellas, las pecas, los granos de arena, los días vividos, las olas del mar, las gotas de lluvia, los briznas de hierba, las canas, las hojas del otoño, las vueltas que da la peonza antes de caer… Él era el único que comprendía y aceptaba esa manía tan suya de cuantificarlo todo. Solo por eso ya le quería. ¿Cuánto? Pues… hasta resbalar por la segunda curva del infinito. O más. Aún no había conseguido terminar de contarlo.
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por pcollazo | Jun 14, 2014 | En pocas palabras
Y nunca le recordaba lo que no se debía contar. Ni le reprochaba si se le escapaba una palabra prohibida. Sólo la miraba serio. Y después, a solas, le recordaba el desliz y le imponía un castigo proporcional. Ella le agradecía que no lo hiciera delante de su madre, o de su hermana, ellas no lo entenderían. Como no entendían las mangas largas, ni el morado y le recomendaban ir al médico para ver por qué se caía tan a menudo. Por eso, procuraba verlas sólo cuando era inevitable y prefería el teléfono. Así él podía indicarle con gestos qué decir, y no corría el riesgo de equivocarse otra vez.
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por pcollazo | Jun 11, 2014 | En pocas palabras
Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor con gesto adusto y resignado, Alicia dio un pequeño salto y despegó del suelo. El asfalto oscuro y mojado ya no enfriaba sus zapatillas rotas ni penetraba en su pequeño cuerpo aterido. Si la mano firme de su padre no hubiera sostenido la suya, se hubiera remontado por encima de los edificios ajenos hasta desaparecer. Se conformó con flotar, justificando así la ingravidez en su estómago.
– Ya encontraremos algo, mi niña – lo escuchó decir antes de abrir la siguiente tapa. Pero Alicia se sentía tan liviana, que sólo deseaba que su padre le soltara la mano para poder volar.
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por pcollazo | Jun 11, 2014 | En pocas palabras
Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Juan permaneció en silencio. Rafael se volvió y con una sola mirada supo qué estaba pensando Juan.
– Sí, en mi caso eran revistas, pero mi padre también me obligó a deshacerme de ellas
– Pero, papá…
– ¿Sabes lo que hice entonces? – preguntó echando una mirada furtiva a su esposa en el balcón – Regresé más tarde, antes de que pasara el camión…
Aquella noche, la calle se llenó de spam, de archivos no deseados, de publicidades, de virus desactivados. Fue necesario ensuciarse hasta los codos, pero justo a tiempo, Juan dio con sus whatsapps prohibidos y cuidadosamente, los recuperó.
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por pcollazo | Jun 7, 2014 | En pocas palabras
Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Pablo apretó los ojos con fuerza.
–Ven aquí, chaval – pronunció el hombre con voz tranquila.
Pablo se acercó lo justo como para empezar a caminar a su lado. Las piernas le temblaron cuando su padre depositó una mano sobre su espalda, pero consiguió disimularlo. Como también disimuló la aprehensión que le causaban los dedos crueles sobre el hombro, la cercanía cómplice del hombre.
– ¿No has visto nada, verdad, chaval?
Pablo negó con la cabeza, con la voz, con el cuerpo entero. Y se sintió sucio, abominable, frío. Tan frío como el cuerpo de su madre abandonado en el contenedor.
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por pcollazo | May 11, 2014 | En pocas palabras
Sí, papá, pero, ¿y esa?, insistes con un vuelo de flequillo sobre las cejas. Esa no, esa otro día, Joaquín. No estamos preparados para esa, me justifico en silencio, mientras tú, brazos cruzados y boca fruncida me miras con reproche. Sé que María la dejó allí adrede, para ti, para mí. Para que la encontráramos una tarde de videos y sonriéramos o lloráramos viéndola juntos. Escuchándola decirte todo cuanto nunca pudo. Tu madre se ha ido demasiado pronto. Diciéndome que sería un gran padre, que tú me enseñarías a serlo. Pero esa, por ahora no, hijo. Que aún no he aprendido a llorar.
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