Y nunca le recordaba lo que no se debía contar: las estrellas, las pecas, los granos de arena, los días vividos, las olas del mar, las gotas de lluvia, los briznas de hierba, las canas, las hojas del otoño, las vueltas que da la peonza antes de caer… Él era el único que comprendía y aceptaba esa manía tan suya de cuantificarlo todo. Solo por eso ya le quería. ¿Cuánto? Pues… hasta resbalar por la segunda curva del infinito. O más. Aún no había conseguido terminar de contarlo.

Buena la idea de persona que quiere contar incluso las veces que respira… Aunque yo, a veces, depende de lo que voy sumando… me asusto. El otro día me entretuve contando mis pasos, los que doy desde el aparcamiento hasta la puerta de mi trabajo, esa cifra la multipliqué por todos los días que he ido a ese trabajo desde el año… y no di crédito al resultado. La vida, según como se mire, es un pozo de descubrimientos y de sorpresas. Que sigan las letras en pie. M.Pilar Martinez http://artgrocdefoc.com/
Muchas gracias Pilar por tu comentario. Es cierto que los descubrimientos, el arte en general, está muy relacionado con ese punto de vista distinto. Con ese modo de ver la vida desde otro ángulo. Gracias!