—Hemos dicho un padre perfecto. Y ya ves que no lo es… —repite mamá ante el escaparate.

Lleva rato intentando convencerme de que el de camiseta blanca de la esquina tiene cara de bueno, que se ve que sabe cocinar pizza y además es bastante guapo.

Pero yo me he encaprichado con otra madre. Una con ojos grandes y sonrisa cálida.

—Me prometiste que podría elegir…

—Sí, cariño. Pero buscamos un padre. Mamá ya tienes…

—¿No se puede tener dos mamás?

Mi madre, la primera, la que cuando papá nos abandonó me ha prometido comprarme uno nuevo, dulce y atento, que juegue conmigo y la enamore para siempre, duda.

La otra, la que será pronto mi segunda madre, le sonríe a través del cristal. Mi primera madre se sonroja. Se mira la punta de los zapatos, como hace siempre que la pillo haciendo algo inadecuado, me aprieta la mano y entramos a la tienda.