Esta es una familia española, aquí las mujeres no cortan ni pinchan. Fue lo primero que me dijo mi suegro cuando nos presentaron. En ese momento se ganó mi perpetua antipatía. Y yo, su eterno calificativo de marimandona.

Dejé de pertenecer a su arcaica familia una hipoteca y dos niños después.

Ahora volvemos a vernos. Bueno, él ya está dormido. Pero yo sí veo su inconfundible corpachón sobre la mesa de operaciones. Observo su abdomen prominente y me acomodo los guantes.

Pues, mire usted, en mi familia las mujeres sí pinchamos y cortamos, querido suegro, pienso mientras cojo el bisturí.

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