No recuerdo cuando todo empezó a girar, y me preocupa no saber cuándo se detendrá. Sé que hace un momento, me asomaba por la ventanilla intentando ver si el cartel de la esquina ponía Calle México y sé también que ahora estoy muerto. Lo repiten las voces que rodean mi cuerpo, mientras las que rodean mi cabeza les hacen eco. Quisiera quitarme el pelo de los ojos, pero no tengo manos. Han quedado dentro del coche junto con lo demás. Se corean las palabras semáforo, ambulancia, demora. Entreveo decenas de pies preocupados, intuyo sus miradas horrorizadas. No será fácil ver un cuello sesgado y una cabeza sobre la acera. Ha comenzado a picarme la nariz. Odio que nadie se incline un poco para intentar escucharme.