Duerme en el fondo del río. Con los peces. Algunos le mordisquean los pies descalzos, otros se cuelan bajo su pijama. Sabe que es un sueño. Los peces no pueden hablar, se ahogarían. Pero estos hablan. Demasiado para su gusto. Mencionan la mirada aterrorizada del hombre de traje justo antes de morir, los cuerpos inertes en el maletero del coche, el rostro desfigurado de aquel chaval. Hablan con la voz dulce de la doctora Melfi. Intenta espantarlos. Callan.
Ahora, se afanan en mordisquearle el pecho. El corazón se asoma entre sus costillas. Unos patos se alejan horrorizados. No consigue despertar.

Un gusto leerte… Definitivamente!
¡Gracias!