Vuelven a hacerse invisibles cuando vienen sus amigos de visita. Mamá barre los gritos bajo la alfombra. Papá guarda su malhumor en un cajón. Todo es como antes de que apareciera en sus discusiones la fulana esa (así la llama mamá).

Mientras hay visitas, no la mencionan. Sonríen y beben tan contentos.

Al quedarnos solos, las discusiones retornan. Esta vez, parece que la fulana, ha tenido la osadía de venir a casa. Será invisible, porque yo no la he visto. Quienes vinieron fueron los de siempre.

Me han mandado a dormir. Como si pudiera…. ¿Y si la fulana se ha escondido bajo mi cama?