La inquisición no tardará en llegar. En cuanto cruce el umbral, los suelos estarán demasiado opacos, las camisas de su hijo mal planchadas, el cabello de los míos demasiado largo, le faltará sal a la ensaladilla, y el geranio necesitará agua.
Fingiré prestar atención a sus trucos infalibles para que las cortinas no huelan a tabaco y a la receta de las croquetas favoritas de su hijo.
Eso sí, una vez que se haya marchado, todo volverá a la normalidad. El perro perseguirá iguanas por el pasillo, mis hijos beberán cerveza a escondidas y atarán a su padre, para poder cocinarle otro trocito en la hoguera.
