por pcollazo | Nov 11, 2017 | En pocas palabras
Serán unas pocas palabras, pero resultará difícil pronunciarlas. Tendré que explicarles que esa extraña enfermedad que se ha contagiado en México, sumada a su deformación congénita, las válvulas, las complicaciones de la cirugía… Unas palabras que no significarán nada para ellos hasta que no articule las peores, las últimas tres: lamentablemente ha muerto. Una palmada en la espalda, un lo siento, cuando son niños es horrible…
Después, y sin darles descanso, apelar a su solidaridad. Ofrecerles salvar otras vidas, hablarles del modo en que su niño podrá dar una oportunidad a otros, no dejarles pensar, insistir fuera de todo protocolo, presionarlos sin contemplación.
Porque la vida que acabo de cercenar, ese corazón impecable que he visto hace un momento, se merece revivir en mi hijo. Y él no puede esperar más.
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por pcollazo | Nov 10, 2017 | En pocas palabras
Cuando cada noche él se deslizaba en mi cama sin pronunciar palabra, y sin contemplaciones me sometía a sus deseos, yo lo dejaba hacer, mientras huía al jardín a esperar a que terminara y se fuera a dormir la borrachera a su propio cuarto.
En el jardín, solía encontrarme con mi segunda alma, la que me cogía del brazo y me hablaba al oído para distraerme. Y me cantaba la canción de los angelitos en las escaleras. Eso me ayudaba a mantenerme quieta y sin rechistar. La experiencia nos indicaba que era lo mejor. Cuanta más resistencia oponíamos, más se alargaba la tortura, y lo que es peor, más se excitaba la bestia.
Mi tercera alma, se mantenía siempre en un segundo plano, haciéndose la inocente, pero todas sabíamos cuál era su verdadera intención. La última noche, se apareció con las tijeras de podar en una mano y la decisión pintada en el camisón desgarrado. Nada pudimos hacer para impedirle actuar.
Cuando por la mañana, mamá regresó de trabajar, nos encontró a las tres abrazadas, metidas en el mismo cuerpo tembloroso. No necesitó que le explicáramos nada. Deslizó las tijeras fuera del cuello del monstruo y con un grito de venganza, las volvió a clavar.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Hellen van Meeden:

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por pcollazo | Oct 28, 2017 | En pocas palabras
Los fantasmas de historias son muy persistentes. No se conforman con que los estrujes en una hoja arrugada y los arrojes a la papelera. Tampoco es suficiente con reducirlos a cenizas con el mechero ese que tienes en el primer cajón aunque te has prometido dejar de fumar.
No temen a la luz artificial sobre una nueva página en blanco, y menos aún a la oscuridad que propicia los jueguecitos intrigantes con que pretenden obligarte a volver a ellos.
Tú has decidido dejar de lado aquel personaje demasiado atribulado o esa historia que encallada en un callejón sin salida. Borrón y cuenta nueva. Tachas, borras, abollas folios y te pones a pensar en una nueva historia. Pero ellos siempre regresan.
Primero son una mancha difusa sobre el papel. Tú pasas la mano como si quisieras barrer inexistentes pelusas depositadas sobre la hoja, pero en lugar de hacerlas desaparecer, les das vida. Comienzan a tomar forma. En un claroscuro se perfilan con el aspecto de aquel protagonista desechado, o de algún secundario cercano que viene en su representación.
Y tú haces como que no lo ves alzando la vista hacia un imaginado horizonte, fingiendo pensar. Pero cuando vuelves a intentar escribir las primeras palabras de un nuevo cuento, allí está él. Con las palmas apoyadas desde el otro lado de tu hoja en blanco. Exigiendo que lo liberes.
Llegados a este punto tienes dos posibilidades. Aliarte con el rebelde y dejarlo campar a sus anchas hasta sacar de él lo mejor que consigas, o abandonarlo a su suerte poniéndote de pie para irte a la cama, cosa que deberías haber hecho hace tiempo ya. El muy testarudo, te seguirá sin duda. Toca ahora atormentar tus sueños. No te quejes. Para eso eres escritor.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esa fotografía de Willie Hsu:

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por pcollazo | Oct 21, 2017 | En pocas palabras
Las preguntas del examen parecen escogidas adrede para suspender a gran parte de la clase.
Yo la observo ir y venir entre las mesas con ese andar torpe y no soy capaz de odiarla. De las veinte preguntas, podré con suerte, contestar tres. Y no es que no preste atención en clase. Yo le presto toda la atención del mundo. Sé en qué momento el mechón rebelde se escapará de su coleta. Puedo predecir qué zapatos traerá los jueves y el color del abrigo que usará cada lunes. Soy capaz de asegurar que aunque llueva a cántaros no traerá paraguas, porque ya ha perdido el último que le quedaba. Puedo anticipar el tono con que anuncia un nuevo tema, la mirada de reproche con que pide la agenda de los que no hacen la tarea, el momento preciso en que estornudará si la primavera se cuela por la ventana.
Si en lugar de preguntar sobre la política y el arte de los visigodos, preguntara acerca del matiz de sus ojos cuando escucha a alguien plantearle una pregunta, o sobre la cantidad de veces que se acomoda el reloj en la muñeca en cincuenta minutos, podría sacar un diez sin despeinarme. Pero no. Todo lo que tiene de dulce y especial, lo tiene de testaruda y estricta. Y de fanática de esas historias antiguas que no deja de contarnos con tanto entusiasmo que al final, algo te queda.
Leo y releo las hojas que nos ha entregado y observo los huecos en blanco en donde se supone que debo contestar tantas preguntas. Si es que yo solo tengo una respuesta para todas ellas y no me animo a escribirla en el papel.
Ella se ha detenido a mi lado y cuando levanto la cabeza, el corazón me da un vuelco a causa de su proximidad.
– ¿Qué pasa? ¿No entiendes las preguntas? ¿Necesitas ayuda?
Niego repetidamente con la cabeza. No puede ser tan dulce y atenta y pretender que no te enamores de ella. No puede conocer las respuestas a estas inteligibles preguntas y a muchísimas más sin esperar que te mueras de admiración.
Se aleja taconeando los zapatos que usa los días de lluvia. El izquierdo tiene hace tiempo el tacón un poco despegado, pero ella no lo nota.
– Diez minutos para entregar – dice desde el frente.
Algunos compañeros bufan. Otros se apresuran a rellenar los huecos blancos. Yo, en cambio sigo mirándolos como si fueran atrayentes luces y yo una mariposa de esas que no pueden evitar chocar contra ellas y morir.
Suena el cambio de hora. Ella pasa mesa por mesa para recoger. Cuando se detiene a mi lado, me apresuro a garabatear mi nombre en la hoja sobre la que no he escrito nada y se la entrego con las mejillas ardiendo.
Ella la recoge y mientras todos van saliendo del aula, me hace una seña.
– Quiero hablar contigo – pronuncia sobre el bullicio.
Retraso tanto como puedo mis movimientos mientras recojo las cosas que están sobre el pupitre.
El corazón me late desmesurado. Ella me espera semisentada sobre su mesa. Mis compañeros han salido ya. Me acerco intentando pensar una excusa que me saque pronto de allí.
– ¿Qué pasa, Lucia? ¿Te has enamorado? – dispara sin anestesia.
¿Cómo puede ser que haya adivinado cuál es la única pregunta para la que tengo respuesta?
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Johan Deckmann

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por pcollazo | Oct 8, 2017 | Noticias
El jueves 5 de octubre tuve el gusto y el privilegio de recibir uno de los premios más importantes que he obtenido hasta ahora.
Se trata del Primer Premio en el XX CERTAMEN DE RELATO CORTO FRIDA KAHLO DE RIVAS con el que ha sido distinguido mi relato Doble vida.
Es un premio importante para mí, ya que se trata de un relato largo, que se sale del formato en que me siento más cómoda, por lo que ha requerido un esfuerzo extra. Esfuerzo que he visto sobradamente compensado en esta entrega de premios en que me han recibido con mucho cariño.
El trofeo, una bicicleta confeccionada con material reciclable por mujeres de Burkina Fasso, es muy simbólico y especial para mí. Así como el nombre de este Certamen dedicado a mi admirada Frida Kahlo.
He tenido además la oportunidad de ver de cerca las obras finalistas del Certamen de Pintura que se realiza en conjunto con el de relato, y conocer a los ganadores.
En suma, una alegría y un honor, de esos que la vida de vez en cuando reserva para ti.
Muchas gracias a todos por vuestras palabras de apoyo y cariño.
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