La vergüenza que nos ganamos aquella noche, en cambio, nos acompañaría para siempre.
No creas, no a todos…. A mí sí, y a ti, estoy seguro…. Te equivocas, hace rato que he perdido la vergüenza… ¿Me dirás que nunca te acuerdas de ese momento, cuando mi padre abrió la puerta y todos nosotros…? No, no lo recuerdo. Bueno, ahora que lo mencionas, pero apenas…
No sigo replicando, Me siento el único depositario de la vergüenza, de la memoria de los cinco. Calla, como hicieron antes los otros y me mira casi con indulgencia. Yo vuelvo a cerrar los ojos para no evocar el rostro desencajado de mi padre. Ni la sangre envolviéndolo todo.