Desde el otro lado del planeta, echan una botella al váter y accionan la cisterna. La botella recorre tuberías, laberintos turbios y malolientes, y después de muchos kilómetros desemboca en altamar. Es devorada por una ballena que la traslada en su ruta migratoria para liberarla días después. Sobrevive a dos tormentas y las corrientes marinas la depositan en la playa de mi isla desierta.  Expectante, extraigo el  papel de su interior. Una única palabra: Ayuda. Treinta muescas en el tronco después, contesto. Con el pigmento de una raíz escribo “Ven” sobre una hoja de palmera. Tanto que he deseado tener una botella. La devuelvo al mar.