No recuerdo en qué ciudad estamos. Llevamos siete días de agitado periplo. Monumentos, catedrales, fotos, tiendas, autobús y vuelta a empezar. Siguiendo como autómatas al grupo, callados, enfurruñados. Tú, exigiéndome sonreír para tomar las fotos que colgarás en la red mostrándonos felices. Yo, callando por no gritar.
Aduzco un profundo malestar para permanecer en el hotel. Te enfadas, si es que cabe enfadarse más, y marchas con tu teléfono bien cargado. Cojo un taxi hacia al aeropuerto y evalúo posibles destinos entre las próximas salidas. Sonrío con un billete cualquiera en la mano. Nada como estar de vacaciones al fin.

Comparto la idea del final del relato, por fin llegaron las verdaderas vacaciones.
Odio los tours de vacaciones, todo ordenado, organizado y pautado eso no son vacaciones….
Besos
Efectivamente, Andrea. A veces lo que parecen ser vacaciones no lo son…
Sí, sí, muy bien expresado… A veces los viajes en grupo nos hacen desear viajar muy solos. Saludos
Gracias, Pilar… Esperemos no llegar a esos extremos…. Saludos