La lluvia de fuego que lentamente devoraba la ciudad cambió en una hábil combinación de teclas, a la pantalla plagada de fórmulas químicas. Su madre había entrado al cuarto cargada de camisetas recién planchadas. La miró inocente mientras ella hurgaba en los cajones. –Tienes que sacar la basura – pronunció con una percha entre los dientes. – Pero mamá… estoy estudiando…. Ella levantó un poco la persiana y él parpadeó varias veces. – Ya, ya veo. Te vendrá bien respirar un poco de aire fresco. Salió del cuarto cerrando la puerta. La pantalla volvió automáticamente a la ciudad ardiente. – Ten cuidado con el fuego…. con la ventana abierta podría avivarse demasiado.