Odio que me revuelvan la cama. Yo soy de dormir con las sábanas bien estiraditas. Así como me acomodo, así permanezco toda la noche. Ni una vuelta doy. Con deciros, que cuando me levanto, la cama no parece haber sido usada en absoluto.

Por eso no entiendo que cada día amanezco en un revoltijo de sábanas arrugadas, edredones revueltos, almohadas en paradero desconocido, y el pelo de punta, como si hubiera visto un fantasma.

No, no es que tenga pesadillas, las recordaría. Tampoco es que me levante sonámbulo, nunca lo he sido. Tanto me ha intrigado este fenómeno, que la última noche, he puesto a funcionar mi cámara de vídeo y la dejé grabando toda la noche.

Hoy, después de despertarme, lo primero que he hecho ha sido visionar el video, claro. Una, dos, tres, veces.

Es cierto que lo he hecho a velocidad para poder revisar las ocho horas de sueño. Pues nada. Os puedo asegurar que lo único que se ve, es un señor (yo mismo) durmiendo boca arriba, con la sábana y el edredón hasta la barbilla y el pecho subiendo y bajando acompasadamente.

Inexplicable ¿no?  Eso mismo me he dicho, y de inmediato he pedido cita con un psicólogo, ¿o debería acudir a un psicoanalista? No lo sé. Por las dudas he pedido citas con los dos.

Pero como sé que no acudiré, porque si hay algo que de verdad odio, es salir a la calle, para no forzarme a pensar en el asunto, ni contestar las llamadas de mi hermana insistiendo en que debo consultar a un médico de locos o algo así, me he puesto la ropa de deporte.

Entonces, perfectamente preparado, he salido a correr mis quince kilómetros diarios por la cama, como hago todas las mañanas. Porque, como os decía, si hay algo que de verdad odio, es salir a la calle.

 

Escrito para los Viernes Creativos . Sobre una fotografía de Alyssa Monks.