Cierro los ojos para no verles, pero están. Se turnan. Juan sale a fumar. Entonces mi madre llora creyéndome dormida. Ojalá pudiera dormir, no pensar. Qué pasará con el peque, Juan tiene apenas veinte años .Sus planes no incluyen cuidar un niño rebelde y taciturno.

Lloraría. Pero soy la fuerte, la que insiste en que esto no podrá conmigo. La morfina actúa. No quita el dolor, pero me lleva al castillo de arena construido con papá, a mi perro Arlequín, a mi primer libro, al heladero del parque en verano.

Creo estar muriendo, pero despierto. Los ojos llorosos, siguen allí.