Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad. Estaba tan cansado que olvidó atar a los renos y entregar su paga a los elfos. Despertó como siempre, el siguiente 20 de diciembre. Le asombró el silencio que reinaba en la casa. No escuchar a los renos entrenando en el prado ni a los elfos fabricando sin parar. Cuando abrió la puerta, una avalancha de sobres cerrados inundó la sala y llegó hasta la chimenea. Convocó de inmediato una rueda de prensa donde acusó a los renos de díscolos y a los elfos de irresponsables. A pesar de la lluvia de críticas, se negó a dimitir.
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