Usted es el primero que la abre. Una tienda de este tipo… no funcionará. Gente muy conservadora.
Simulé no escuchar y seguí acomodando mi escaparate. Colgué un surtido de sonrisas con hilo de pescar desde el techo. Apilé con estilo los abrazos fraternales en una esquina y los apasionados en otra. Los besos de pico esparcidos por el suelo, los de ventosa, en una pecera, los de tornillo, en un frasco de cristal.
A la mañana siguiente, los adormilados transeúntes fueron arremolinándose contra el cristal. Los metros transitaron vacíos, los ordenadores permanecieron apagados, los emoticonos tomaron las calles.
Mis existencias se agotaron. Y otras, comenzaron a brillar.
