Desde que te espero en la estación Primavera, tu tren se ha quedado varado en Invierno. Algunos pasajeros que llegan desde allí, se apean felices, contemplan el sol, se quitan las bufandas, aspiran aromas que tenían casi olvidados.

Cuando les pregunto por ti, dicen que tu tren no consigue ponerse en marcha. Y que tú te niegas a coger otro. Aunque te insistan en que hay que seguir adelante, en que permanecer en una estación no te ayudará, sólo niegas con la cabeza y callas.

Cierto es que nos perdimos de vista cuando en el andén de Verano, cogimos trenes diferentes. Pero siempre te he dicho que te esperaría en Primavera. Y llevo dos meses haciéndolo.

No me quito el abrigo, porque sin ti, el frío me hiela los huesos, aunque esté en un andén florido en el que todos los pasajeros parecen felices y acalorados. Sólo me he animado a coger una solitaria rosa que escondo para mostrártela por sorpresa cuando bajes del tren al que nunca subirás.

Tengo doloridos los dedos porque las espinas se clavan, pero aguanto. Te hice una promesa en la que no crees y es por eso que no llegas. Pero resisto. Hasta que el guarda me obligue a coger el siguiente tren con destino a Verano. Allí te buscaré en los paisajes que hemos compartido, aunque sepa que será inútil.