– La inquisición no tardará en llegar y esto será considerado herejía – proclamaba la mujer, ojos inyectados en sangre, voz apocalíptica – Los pactos con el diablo nunca terminan bien. Pactar con esas fuerzas oscuras, sólo os conducirá al infierno  – hizo una teatral pausa esperando los aplausos que no llegaron – Ninguna persona  de bien – prosiguió – debería negociar con los enviados del demonio de cabello recogido. Apartemos viejas rencillas, amigos rojos y naranjas, hagamos un frente común en oposición al mal.

Con estas palabras, la lideresa abandonó el atrio tan dignamente como pudo, entre abucheos, empellones y tomatazos que la plebe enardecida, no dudó en prodigarle.