Turbia la boca
sobre el hombro desnudo
sacude de gentilicios el encuentro.
No importa de dónde venimos
porque mañana regresaremos.
Y no despertaré en tu pecho.
Y no acudirá el sueño a la cita.
Turbia la brisa
en el desdén de tu falda
resarcirá heridas de otros adioses
con sal y cristalmina.
Como en veranos de infancia
cuando las brechas curaban
y las pasiones
se reeditaban cada junio.
Turbio el silencio
con que no prometemos
más que esta noche.
Porque solo llevamos billetes pequeños,
y de los bolsillos
se nos escabullen realidades
cuando en silencio nos vamos
quitando la ropa.
