Vuelven a hacerse invisibles emprendiendo viajes a ciudades lejanas donde sus rostros no hayan aparecido en las noticias. Para combatir el estrés, esquían, o se zambullen en el océano transparente desde un yate, Acompañan a sus mujeres a recorrer tiendas de lujo para compensar tantos sinsabores.

Luego, cuando toca declarar, regresan. Esquivan cámaras y micrófonos, aducen herencias millonarias, suerte en el azar, o intuición empresarial. Si hace falta, amenazan con tirar de una manta tejida con papeles y sobres.

Soportan que antiguos amigos saquen las manos del fuego y que unos viejecitos los persigan insultándoles. Agobiados, emprenden otro viaje y vuelven a ser invisibles.