Ya no podíamos contar con él. Eso me dijo mamá. Que se había ido, que lo olvidáramos.
Nadie le ha vuelto a mencionar, pero su ausencia presente, siempre lo ha enturbiado todo. En especial, los buenos momentos.
Mi madre ha hecho lo posible para ocultarme la verdad. Pero mis ojos de niño grabaron su figura frágil afanándose con la pala a través de la ventana. Y sus manos sucias de barro al entrar en casa. Y el sollozo ahogado que nunca se permitió repetir. Mientras contenía la agitación simulando dormir, supe con la lucidez de mis seis años, lo que mamá acababa de hacer. Por mí.
