Lleva semanas preparando esta reunión. Su carrera entera depende de la aprobación del proyecto en que tanto ha trabajado. Ha llegado temprano para no dejar nada librado al azar. El proyector, las botellas de agua, su portátil conectado, la corbata bien anudada y la sonrisa adherida con firmeza sobre la boca.

Cuando al fin todos se han sentado, los cafés han dejado de distraer las conversaciones, y un silencio de bostezos contenidos se ha apoderado de la sala, su jefe comienza a hablar. Lo presenta como el mayor experto europeo en el tema y detalla su trayectoria mientras halaga su profesionalidad. Se acerca el momento de hablar y él repite para sí las palabras con que planea empezar su intervención. Entonces, su teléfono empieza a vibrar silencioso. En la pantalla las palabras “Colegio Matías” titilan insistentes cuando comienza a hablar. Las primeras frases salen automáticas. Nerviosas, abruptas, pero coherentes. Sin embargo, cuando la pantalla negra de su teléfono vuelve a  titilar con las mismas palabras, entiende que tiene que coger esa llamada. Si insisten es por algo, piensa mientras avanza la presentación sin explicar la última transparencia. Disculpen, dice. Y cogiendo el teléfono abandona la sala, mientras explica lo de los objetivos a largo plazo. No recuerda cómo ha llegado al hospital, ni es consciente de lo que sigue diciendo en aquella sala repleta de hombres trajeados y mujeres perfumadas. Los médicos dicen que la situación es crítica y que hay que esperar. Y él se sienta en una butaca de metal con la garganta anudada. Su niño no puede morir, por más que la portería se haya caído sobre él. Avanza a la siguiente transparencia mientras asegura que el margen de beneficio será del veinte por ciento solo en el primer año. Su ex mujer llora en silencio en la otra punta del pasillo. Alguien le hace la pregunta que ha previsto.  Es una inversión segura y le diré por qué, asevera. Una bata blanca se acerca y pronuncia el nombre de Matías. Él y su ex se ponen en pie y se apresuran ante el hombre, ansiosos por escuchar las novedades. Observemos la evolución del mercado en los últimos cinco años, enuncia, mientras muestra la transparencia del gráfico de barras. Lo siento mucho, murmura la bata blanca.  Su exmujer se deja caer de rodillas sobre las baldosas blancas. Él no sabe qué debe hacer y avanza hasta el final de la presentación. ¿Alguna pregunta?, se lee junto al logo de su empresa. ¿Alguna pregunta?, repite la bata blanca. Entiendo que es muy difícil, pero pensad que podéis salvar la vida de otro niño.

Desconecta el ordenador y la sala se queda a oscuras. Como toda su vida.

Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta fotografía de Florian Imgrund:

florian-imgrund