Tú estás muy pensativo, ¿qué te pasa?, pregunta la insoportable de mi hermana. Desde que cumplió los dieciséis se cree con derecho a controlarme como si fuera mi madre. “Asesinarte” pienso, pero no se lo digo. Si algo he aprendido desde que mamá murió, es que calladito se está mejor. Mi hermana se pasea entre el sofá y la tele con aire de Sherlock Holmes. Será mejor que me lo cuentes, dice. Para que se salga del medio, miento un “echo de menos a mamá”. Ella se para en seco y me mira con pena. Es patético su amago de lágrimas asomándole entre los párpados. Pero mi truco funciona. Se marcha a la cocina y me deja en paz.
Me acurruco en el sofá sobre el regazo de mamá, que solo aparece cuando estoy solo. Me acaricia la cabeza mientras murmura: buen chico. Le sonrío feliz.
– Ahora ya sabes lo que tienes que hacer – dice poniendo en mis manos las tijeras, y echando una significativa mirada a la figura de mi hermana que trajina en la cocina.
Escrito para los Viernes Creativos a partir de esta imagen de «El pensador»


Sencillamente fresco y radiante.
¡Muchas gracias, Martín!
genial.(Imagino que lo sabes)
¡Gracias, Lola! Un gusto tenerte por aquí…