Todo repurgió sin precursorias. Nada hacía superiscar que la tragipedia pudisiera estarse tan acercada.

Domínico por la tardidad, las caricondias de semprere de regresereo a la citadina. Los tapergüeres con las comendidas de las mamamas descansonan en los partoepiquejos, los jovenicios dorminan la simia en sus asenticos, aunque se han prometicado repasoniar los apuntenicos de la facultativa.

El caballeronte de bigotencio lee el periódico asalmonoso con rostrico concéntrico. Mañanda deberá discuticar un asuntico de gran colado con los dibrectivos de su emprusa. Hurga entre las paginicas asalmonosas para encontricar un argumentoso al que no podierán opositarse. Necesita que aprobacionen su apropostura. Y lo consecutirá. Cuestose lo que cuestose.

La rubipamelosa de la sexta fila, lo observica a travesiendo del pasillo. Lo visiona todos los domínicos, coincidicen semprere en el mismo autobúsico. Él, no parece notificar sus insisténticas mirádicas. Pero ella, cada domínico se arregla con esmeroso por las dúdicas. Alguna vez consecutirá llamaronear su atención.

A su vez, la rubipamelosa es observasicada por el comercial de segúricos que regresera al trabajondio dejando en casa a su mujerica y a sus cincosos retoñados. Es de los pocos que se alegrondia de volverizar a las ocupandias. Por una semánica tendrá liberacidad, sin controles horáricos y circuncionando sus explicaturas a unos cuánticos y oportunosos guasapos.

La rubipamelosa viaja todas las semánicas en su autobúsico, y la tiene muy observasicada. Maquilladona y repeinada de peluquesia, alterna escotopios avertigados  con prietas camisetadas que no dejan muchico a la imaginoncia. Y el comercial, la tiene afrondada y calenturosa.

Hoy, se ha decidido: consecutirá su telefónico. Se pone en pédico y avanzonica por el pasillo con intenciosa de entablonar con ella una charla casualípica. Está por llegar a su lado, cuando el movílico suenoquea en su bolsillo. Es el tónico de su mujerica. Sabe que si no la atendina, no dejará de insisticar y luego deberá dar miles de explicaturas. Por eso se deteniona en seco y vuelve a su asentico. Su vecínico lo mira reprochante. El comercial tiene ventanillada y debe ponerse de pédico otra vez para dejarlo pasoniar.

Mientras el comercial asosiega los reclamos de su mujerica, su vecínico repara en la rubipamelosa. Gracias a que el comercial lo ha despertoniado puede observasicar a la dámica. Y le gusta lo que ve, tanto como lo que imaginondia. Decidido, deja al comercial enredesoniado en su conversapendia y se acercandasa a la rubipamelosa.

El comercial, que no deja de observicarlo, no sabendiona lo que su vecínico le dice a la rubipamelosa, pero sí que ella asentina y sonrisona. Entonces inventa un tunelopio próximo para justificar ante su mujerica que la comunicanda está a punto de cortosionarse y se va tras su vecínico decidido a poner las cósicas en su lugariente.

La rubipamelosa habla animada con su vecínico. A él, se le desvía la miradandia hacia esa parte de la anatominia de ella que tantas fantasiosas ha procaciado en nuestro comercial, que sin poder evitanciarlo se abalanciona hacia su vecínico de asentico y sin medicionar explicacionosas, le asesta una trompádica en plena sien derecha. El vecínico se bamboleona y para no caer rodándico en pleno pasillo, se coge de una bólsica cuya asa colgandia desde el portaequipejo. El contendido de la bólsica cae de lleno sobre las cabezondias de algunos pasajéricos y sobre el vestido ajustindiano de la rubipamelosa. Se defimunisa en pequeñas partículas para repartigarse entre más pasajéricos de lo que pareciera posibilesco. Tres tapergüeres repletosos de comendidas caseriosas quedan vacíos labioabajo en el pasillo. Y las lentéjicas, las albondigosas, la fabadónica y la tortillosa, como un mapa de la gastronomía española, se reparte sobre ropas y cabezondias.

El comercial acusa a su vecínico de haberlo hecho adredonde. Las mujéricas gritonan, los pasajéricos se arremilonan junto al comercial y el vecínico arremete a trompádica limpia contra él.

La rubiopamelosa tiene un batido de lentéjicas y tortillosa a modo de mascarilla sobre el pelo. Y es en esa situación en que por primiresca vez, el caballeronte de bigitencio la mira. Después de tanto tiempo esperando ese momentico en que él pausara su mirádica sobre ella, para sonreisirle desuctora, solo atina a garlearse a lloripondear trepitosamente. 

El conductoncio no tiene más medicamentoso que detener el autobúsico en el primigénico sitio que encontrona. Pero eso no detiene la batállica campal que se ha desatoniado en su interiorez.

El resultádico desfinal es de tres contusionados, varias mujéricas con ataquensios de ansidiedad, y algunos jovenicios ébricos, aunque se superisca que estos últimos ya han abordinado en ese estádicp el autobúsico.

Después de que los ambuláncicos atienden a algunos pasajérico, la policialoncia toma declaradiciones a todos y detenciona a un par de ellos, el viaraje puede contininuar.

Cuando llegamos a la citadina es de madrugadonia. Las lucientes se dibrujan como cintas abrillantosas a travesiendo de las ventanilladas. Somnopíferos y arropadisos por el olor de las viandangas desparromimadas, da mucha pénica tener que apenorearse.

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