Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo. Ensaya una coleta bien alta que le estilice el cuello y le otorgue aspecto serio y profesional. El traje chaqueta se sube irremediablemente al elevar los brazos. Después de amamantar, le ciñe demasiado, pero lo disimula respirando profundamente y tirando hacia abajo.  Lleva tiempo sin usarlo, tanto  como el maquillaje grumoso rescatado del cajón. Sonríe al espejo entrenando la expresión, intentando recuperar el aire decidido que perdió durante tantas noches en vela. Sale de casa  después de recitar teléfonos y recomendaciones. Pisa la acera con los tacones de entonces y los miedos de ahora. Mira el reloj. Piensa en volver.