Mario cena mirando la tele. Las sobras del domingo o del jueves, no lo sabe. El microondas es su mejor amigo. Mientras lo mira girar, suele contarle qué tal ha ido el trabajo, o que él una vez más, no le ha cogido el teléfono.  Cuando su intermitente respuesta llega, interpreta, según el día, que le aconseja tragarse el orgullo e insistir, o mejor darlo por perdido: él no está preparado para salir del armario. Su microondas, que ha sido testigo de tantas solitarias y adustas cenas, suele tener razón. Cuando se equivoca y cuando no. Por eso, prefiere cenar mirando la tele. Últimamente sus pitidos opinan que debería olvidarlo.