Errores

Y nunca le recordaba lo que no se debía contar. Ni le reprochaba si se le escapaba una palabra  prohibida. Sólo la miraba serio. Y después, a solas, le recordaba el desliz y le imponía un castigo proporcional. Ella le agradecía que no lo hiciera delante de su madre, o de su hermana, ellas no lo entenderían. Como no entendían las mangas largas, ni el morado y le recomendaban ir al médico para ver por qué se caía tan a menudo. Por eso, procuraba verlas sólo cuando era inevitable y prefería el teléfono. Así él podía indicarle con gestos qué decir, y no corría el riesgo de equivocarse otra vez.

Tus comentarios ayudarán a muchas palabras a ponerse de pie

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