Había empezado como tantos otros. Al principio eran robos insignificantes. Cinco o diez minutos de retraso al entrar a clase, media hora extra de luz encendida bajo las mantas cuando su madre lo creía dormido, pequeñas mentiras que lo justificaban un par de horas en casa de un amigo cuando en realidad no estaba allí, un día entero obtenido haciendo pellas.
No podría precisar cuándo aquellas primeras travesuras empezaron a convertirse en robos más graves, cuándo dejaron de ser pequeños hurtos propios de un ladronzuelo en entrenamiento, para convertirse en verdaderos atracos a mano armada y con uso de violencia.
Robaba tiempo porque siempre tenía la sensación de que le faltaba. Nunca tenía tiempo para sí mismo, y casi la única forma de conseguirlo era robarlo. También podía recurrir a la hucha de los fines de semana y las vacaciones. Pero solía estar vacía. Ese tiempo se lo gastaba casi al contado. Le ardía en las manos y enseguida se desprendía de él. No era capaz de ahorrar, por más que se lo propusiera.
Por eso empezó a guardar el tiempo robado en un compartimento secreto en el cajón de los relojes. Doblaba meticulosamente cada hora conseguida en sesenta ínfimos minutos y los apilaba prolijos, inalterables, perdurables, uno sobre otro, procurando aprovechar al máximo la capacidad de su sitio oculto.
Nadie fue capaz de descubrirlo a pesar de que alguna pareja posesiva que siempre le reclamaba tiempo, estuvo a punto de hacerlo. Él consiguió evitarlo a último momento cambiando de lugar sus relojes. Ella cayó en la trampa y un minutero envenenado le pinchó el dedo alejándola para siempre de él.
Llegó a robar días a mano armada irrumpiendo por sorpresa en vidas sin sentido. Algunos le fueron cedidos, y otros los obtuvo a la fuerza, violentando inocencias si era necesario, encendiendo hogueras, colapsando vías de servicio, conduciendo siempre al doble del límite de velocidad.
Llegó al fin el día, en que se le concedió tiempo para disfrutar de todo el tiempo ahorrado. Abandonó con una semi sonrisa un trabajo que no le interesaba y unos compañeros que lo despidieron deseándole la suerte que no se merecía y que en realidad no querían para él.
Las primeras semanas durmió, vagó por la casa, leyó los cinco libros que tenía en su cola de libros por leer, salió a correr por las mañanas y miró programas estúpidos en la tele.
Los siguientes meses, se entretuvo en pintar toda la casa, mudarlo todo de sitio, salir para volver a entrar una y otra vez.
Los siguientes años, el tiempo empezó a pasar lentamente, monótono, tedioso. Y ya no había cuadros por colgar, palabras por escribir, películas por ver.
Unos días antes de renunciar a todo, revisó por enésima vez su compartimento secreto y comprobó que había consumido apenas una centésima parte del tiempo que había atesorado con tanto ahínco. Y sin embargo estaba muy cansado.
Lo encontraron entre el sofá y la mesa ratona. Con la aguja del minutero aún clavada en la vena. Los investigadores dijeron que había sido una sobredosis. Un suicidio premeditado hasta el último detalle. El tiempo derramado por toda la sala, y una carta sin firmar por falta de tiempo, les dieron la razón.

Así somos… vivimos como locos en pos de tener mucho para después, para cuando tengamos tiempo…. Nos olvidamos de disfrutar en el camino y todo lo que nos perdemos en la carrera, no nos está esperando al final, nos lo perdemos.. no lo tenemos.. el tiempo tiene fecha de caducidad día a día, hora a hora, minuto a minuto El tiempo pasa, no se acumula …
Muy bueno!!
Andrea: muchas gracias por el comentario. Creo que este tema, la preocupación por el tiempo o por la falta de tiempo, es una inquietud compartida por mucha gente. Tendremos que aprender (intentando una y otra vez) a disfrutar del tiempo presente… ¡difícil pero necesario propósito!
Siempre corremos…Siempre nos falta el tiempo……La vida pasa y no nos damos cuenta de cuantas cosas quedan en el camino que no vamos a recuperar mas…Dificil, un tema que nos preocupa a mucha gente.Vivamos el ahora!!!!!!
Karina: Es cierto, siempre nos falta tiempo. Pero el tiempo también se hace. Gracias por haber usado un rato de tu tiempo en leerme y comentar. ¡Es muy importante para mí!
mu bonico, si señora.
me ha encantado.
supongo que has visto la pelicula esa que tienen el tiempo marcado en el antebrazo, el tiempo que les queda y que pueden comprar tiempo trabajando … o robandolo. No me acuerdo el titulo … la has visto? y si te se acaba el tiempo pues eso.
no puedo dejar de seguirte, aunque como tu bien dices «la tardanza va tornándose en ausencia».
gracias por tu blog
No, en realidad no la he visto. Pero sé de qué película me hablas.
Me alegro de que me sigas. Gracias a ti.