Este año a los Reyes les he pedido un amigo imaginario. Mi hermana Clarita tiene uno y es lo más divertido que hay en el mundo. Bueno, ella tiene una, no uno. La de mi hermana se llama Isadora Teocracia de las Mercedes, pero prefiere que le digan Teo. Por eso, todos piensan que es un niño, pero no. Con solo echarle un vistazo puedes comprobar que es una niña. Con sus coletas, sus vestidos con brilli brilli y esa voz chillona que a veces te da ganas de encerrarla en el altillo para no tener que escuchar sus grititos de alegría. Siempre está contenta, siempre tiene ganas de jugar a los juegos más aburridos, que son los que se le ocurren a Clarita, y nunca protesta cuando Clarita hace evidentes trampas contando dos casillas como una en el parchís. A Teo le da igual. Será porque es imaginaria y no tiene que acostarse temprano, ni lavarse los dientes, ni hacer las tareas del cole, ni preocuparse porque no le salgan los problemas de matemáticas. Así cualquiera está siempre de buen humor.

A Clarita no le gusta nada que yo me quede mirando a Teo con ojos de mariposa tonta, o al menos eso es lo que ella dice. Porque yo no me veo los ojos cuando la miro a Teo, pero la verdad es que me gusta mirarla, aunque ella me saque la lengua y se ría porque tengo los pelos parados al despertarme. Teo no está mal para ser una niña. Pero eso nunca se lo he dicho. Bueno, ni eso, ni nada. Porque como Teo es la amiga imaginaria de Clarita solo ella puede hablarle. Alguna vez he intentado que le transmitiera algún mensaje de mi parte, como “dile a quien tú sabes que se deje de pisotear mis cartas Pokémon”, pero mi hermana nunca lo hace. Yo pienso que de todas formas Teo me escucha, aunque no pueda responderme, o no quiera. Vaya a saber si los amigos imaginarios tienen reglas de exclusividad o esas cosas.

Por eso yo les he pedido a los Reyes un amigo imaginario propio. Uno que me escuche a mí y me conteste a mí, y no se ría si tengo un moco pegado en la nariz como hace Teo.

Creo que los Reyes mucho no han entendido porque me han traído un juego de Lego “Crea mundos imaginarios”. Estos vieron la palabra” imaginarios” en la caja y dijeron, vale, ya está, ya tenemos lo que pidió el chaval bajito del Primero A. ¡Hala! Y de mi amigo imaginario, ese que iba a jugar conmigo al balón en el pasillo, a bailar con el Just Dance y a quien le iba a poder contar lo de Teo, ni rastro.

Clarita está tan entusiasmada con que le trajeron el Animal Crossing que se ha olvidado de Teo por completo. La pobre, abandonada, está sentada en la cocina, mordisqueando un trocito de roscón, con su carita de ratona sonriente a pesar de que se hayan olvidado de ella.

Me acerco y le digo que, ya que no tiene nada que hacer, por qué no me ayuda a construir un mundo imaginario de esos de Lego. Ella me mira con las mejillas rojas y por primera vez en la vida se dirige directamente a mí:

—Por fin, chico. Pensé que nunca me lo pedirías

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