Viaje de negocios

Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Aunque les espera la misma reunión, en la misma oficina, del mismo rascacielos, les incomoda acudir juntos.

No es el primer viaje de negocios compartido.

Rubén coge el ascensor recordando con nostalgia la eterna complicidad,  las horas trabajadas codo a codo.  La forma en que naturalmente ese tiempo compartido ha ido trocando de lo profesional a lo personal. No sabe con qué Mauro se encontrará una vez que la reunión con los americanos termine. Teme que sea con un Mauro asustado o arrepentido. Con un Mauro que tire de orgullo masculino para no reconocerse ante este espejo compartido en el que se han mirado por primera vez.

Mientras, Mauro desayuna en un Starbucks. Junta valor para llamar a su mujer. Ella dirá que le echa mucho de menos. Que los niños esperan que regrese pronto, que no olvide que les ha prometido una sorpresa especial. Preguntará qué tal todo, qué tal Rubén y él no sabrá responderle un falso como siempre. Decide no llamar. Bastante difícil resultará verlo trajeado ante los clientes, y no poder evitar recordarlo desnudo y sudoroso sobre la única cama desecha de su cuarto de hotel.

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