Té de lluvia con pastas al viento

Cuando llueve, sacamos los cacharros de la cocina al patio para que se llenen. La abuela, que en su otra vida fue una dama inglesa, nos ha enseñado todos los secretos del té.  La temperatura exacta del agua, que como nos cortaron el  gas, conseguimos quemando los pocos muebles sobrevivientes. La mezcla de hojas a utilizar: tres del limonero de la vecina y cuatro del ligustro de la entrada. El toque dulce que disputamos picadura a picadura con las abejas.

Lo mejor: las pastas. Amasadas con lodo del camino y crocante de hormigas. Todo aromatizado al viento de tormenta. Una exquisitez.

A veces, los niños nos chupamos tanto los dedos, que terminamos arrancándolos de nuestras manos. La abuela nos acusa de estar pecando por gula y como auténtica dama inglesa no admite discusiones. No podéis tener tanta hambre, repite. Solo han pasado dos meses desde la última vez que llovió.

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