Progresa adecuadamente

Sí, papá, pero, ¿y esa?, insistes con un vuelo de flequillo sobre las cejas. Esa no, esa otro día, Joaquín. No estamos preparados para esa, me justifico en silencio, mientras tú, brazos cruzados y boca fruncida me miras con reproche. Sé que María la dejó allí adrede, para ti, para mí. Para que la encontráramos una tarde de videos y sonriéramos o lloráramos viéndola juntos. Escuchándola decirte todo cuanto nunca pudo. Tu madre se ha ido demasiado pronto. Diciéndome que sería un gran padre, que tú me enseñarías a serlo. Pero esa, por ahora no, hijo. Que aún no he aprendido a llorar.

Tus comentarios ayudarán a muchas palabras a ponerse de pie

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